
Fue un camino muy largo y extenuante. Millones de microsegundos de caída en picada a lo oscuro. Rompiéndose dedos y uñas intentando aferrarse a algo, pues ella pensaba que así como iba, lo único que quedaba era encontrar alguna ramita que la pudiese ayudar a subir. Pero no, jamás la encontró. Murallas de arena, completamente muertas, inertes, que aunque pueden durar un momento, se desmoronan con el viento, con el mar. Necesitan de cuidados extras, tan efímeros como su misma existencia.
Así es que ella siguió cayendo... en el olvido; en la madurez. Madurez melancólica y sufrida. Una racionalidad suicida tal vez, pero no la suficiente como para evitar todo definitivamente.
Gritó con todas sus fuerzas en los oídos de los demás para que la rescataran. Aún así, nada más que silencio.
Tuvo que seguir en ese mismo camino hasta por fin darse cuenta de que la salida de él no se encontraba más que en ella. Debía cambiar muchas de esas ideas de forma de darse ánimo y encontrar alguna ley metafísica que hiciera dar vuelta el mundo y en vez de caer hacia abajo como lo hacía; caer de vuelta a la superficie.
Tuvo que luchar; crear gigantes en su cabeza; pensar en cuantas cosas quizo hacer y que el arena cubría sus pies....
De a poco, se dio cuenta que ya no caía: flotaba. Aquel trabajo estaba siendo útil, así que continuó esforzándose, entregando todas sus fuerzas para evitar el silencio. No saben cuánta felicidad sintió cuando escuchó al primer pajarito de la mañana cantar. Era la señal de la vuelta a casa. Pudo salir, pero ni siquiera caminando. Ella voló, sí, voló. Aquel camino en reversa le entregó a su espíritu plumas tejidas con fibras de oro y adornadas con opal. Aquel camino hizo que se diera cuenta de las alas que ya poseía, pero que estaban marchitas por esa arena que no la dejaba ascender. Sólo debía sacudirse, tomar una ducha de brisa y contemplarlas.
Así, comenzó un nuevo viaje. Hacia el sol, siempre hacia el sol. Con nuevos colores que sabe no los borrarán, porque van tanto en el alma como en la piel. Es ella al exterior y no, no caerá.
Mientras no se canse, ella volará.
Siempre.
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